Dime cuánto emites y te diré quién eres

Dime cuánto emites y te diré quién eres


Por Lluís Torrent i Bescós

Nos encontramos en plenas negociaciones de cambio climático en la COP-16, en Cancún. El exceso de expectativas puestas en Copenhaguen provocaron que cualquier resultado supiera a poco. Pero llegó la sorpresa ( ¿o quizás no?). La COP-15 abrió una nueva etapa en la que el ascenso de las potencias emergentes supuso una nueva pauta en las emisiones globales, así como en el rumbo que están tomando hoy día las negociaciones del clima.

De Juan Palomo a Don Benito: del pre al post Copenhaguen

En la madrugada del viernes 18 de diciembre de 2009 el primer ministro chino, Wen Jiabao, convocó una reunión, casi de incógnito, con los presidentes de India, Brasil y Suráfrica. Un ratito después se añadía el presidente de Estados Unidos. En la mesa estaban el 49% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Y en plan Don Benito (yo lo emito y tan sólo a mí me remito) forjaron un acuerdo que luego se plasmaría en un documento de tan sólo tres páginas.

El acuerdo mantenía el objetivo de que la temperatura global no subiera más de dos grados centígrados -a pesar de las exigencias de muchos países de que ésta no subiera por encima de los 1,5 ºC. No se fijaba una temporalidad en la reducción de las emisiones -solo se decía que “lo antes posible”- y tampoco se establecían objetivos concretos de reducción -a pesar de la recomendación del IPCC de que los países desarrollados deberían reducir para 2020 entre un 25% y un 40% sobre el nivel que tenían en 1990.

cartel de la ciudad de Copenhaguen

El acuerdo incluía, además, el compromiso de destinar un total de 30 mil millones de dólares en ayuda a las naciones en desarrollo durante los próximos tres años (2010-2012). Y abría el objetivo de aumentar esa cantidad hasta los 100 mil millones al año, a partir de 2020, para ayudar a los países pobres a lidiar con los impactos del cambio climático.

Vamos, que al final poca cosa si lo comparamos con las inmensas expectativas (recordemos el eslógan Hopenhaguen ““por “hope”, esperanza en inglés-) que estaban puestas en el encuentro.

El acuerdo alcanzado, en plan escondite, fue validado por otros 29 países aunque no fue aceptado por unanimidad en la Convención, pues lo rechazaron algunos países como Cuba, Bolivia y Nicaragua. Por ello, los delegados del pleno de la Conferencia de la ONU sobre cambio climático renunciaron a votar y acordaron una fórmula de “tomar conocimiento” del documento. Así pues, el pacto alcanzado no fue oficial ya que la Convención de Cambio Climático funciona por consenso y la oposición de un solo país impide la adopción del acuerdo.

¿De dónde soy o de dónde vengo?

¿No echas de menos a alguien en la lista de países anteriormente descrita? Una pista: agrupa a 27 países. Otra pista: es reponsable del 14% de las emisiones mundiales. Aún otra pista más: se quedó con cara de cuadros cuando se enteró del acuerdo. ¡Acertaste! Es la Unión Europea.

La Unión Europea, el mayor impulsor de las negociaciones de cambio climático y el más ambicioso de todos en cuanto a la posibilidad de alcanzar acuerdos en la materia, quedó completamente fuera de juego. Podríamos decir que lo que pasó aquella madrugada de viernes podría ser la antesala de lo que podrían ser las relaciones internacionales en las próximas décadas. O quizás de lo que pudiera suceder en las vigentes negociaciones de Cancún.

El ascenso global de China, y su liderazgo detrás de las cortinas, también tiene repercusión en las negociaciones del clima. Así como la presencia de los países emergentes, con su influencia cada vez más creciente. Estados Unidos, como invitado a la reunión, y la Unión Europea ““que ni tan sólo fue invitada- quedando relegada a una mera comunicación del resultado por parte de Barack Obama. Toda una metáfora, ¿o quizás profecía?

¿Por parte del padre o por parte de la madre?

Actualmente los tres mayores emisores del mundo son China, Estados Unidos y la Unión Europea. En conjunto emiten el 56,25% de las emisiones mundiales.

Aunque hay un sinnúmero de posiciones dentro de las negociaciones internacionales de cambio climático, voy a hablar (o a escribir) en concreto de estos tres actores, pues nos van a dar una idea de lo que aconteció, y puede acontecer, en las negociaciones internacionales de cambio climático.

cop16 cmp6

logo de la COP 16. Cancún, México

Es necesario, pero, especificar que dentro de las negociaciones hay como mínimo siete grupos de presión o posturas que intentan defender sus propios intereses en cada reunión: la Unión Europea, Estados Unidos, China y el G-77 (el grupo de países en desarrollo), el grupo paraguas (Japón, Nueva Zelanda, Australia y Canadá), y, dentro del G-77, los países productores de petróleo, la Unión Africana y los estados isleños.

¡Aquí te espero! Yo también te quiero

Las negociaciones de cambio climático son como ese antiguo anuncio de telefonía móvil Vodafone en el que la mala cobertura impedía que dos hablantes entendieran lo que se estaban diciendo. En las negociaciones del clima pasa algo parecido. Todo el mundo habla en términos diferentes y, por tanto, es difícil llegar a un posible acuerdo.

Por un lado, la UE quiere que los países reduzcan un 20% las emisiones en relación al año 1990, pero Estados Unidos propone una reducción de emisiones para el 2020 del 17% en relación no al 1990 sino al año 2005. Y para acabarlo de rematar, China propone reducir en 2020 la emisión de carbono por unidad de PIB entre un 40-45% en relación al año 2005. ¿Es posible negociar si todo el mundo habla de un modo diferente?

Vamos posicionándonos

Esto es lo que decían los líderes políticos justo al terminar la ronda de negociaciones de Copenhaguen:

China: “Los países desarrollados deben apoyar los países en desarrollo en la lucha contra el cambio climático”. (Hu Juntao, Presidente de China)

China quiere que los países ricos reduzcan las emisiones en el año 2020 un 40% por debajo del nivel de 1990. Dice que deben pagar, al año, el 1% de su PIB para ayudar a otros países a adaptarse a las consecuencias del cambio climático. Y que los países occidentales provean a los países en desarrollo de tecnología de bajas emisiones de carbono.

Estados Unidos: “Esto no es ficción, esto es ciencia.  Sin control, el cambio climático plantea riesgos inaceptables para nuestra seguridad, nuestra economía y nuestro planeta”. (Barack Obama, Presidente de EUA).

Estados Unidos está dispuesto a trabajar con otros países para recaudar 100 mil millones de dólares al año en 2020. Insiste en que China, India, Sudáfrica y Brasil deben comprometerse a reducir el crecimiento de sus emisiones.

Campaña de Greenpeace en la COP15

Unión Europea: “Las cosas son frágiles pero el sentido común prevalecerá. Hay que centrarse en la sustancia y tenemos que tomar decisiones políticas”. (Stavros Dimas, Comisario europeo de medio ambiente)

La Unión Europea está dispuesta a reducir sus emisiones en 2020, un 30% respecto a los niveles de 1990, si otros grandes emisores adoptan medidas similares. Quiere que las naciones ricas reduzcan sus emisiones en un 80-95% para el año 2050. Quiere que las naciones más pobres frenen el crecimiento de sus emisiones. Dice que se enfrentan a costes de 150 mil millones de dólares anuales en 2020, de los cuales la UE pagaría entre 7 y 22 mil millones a través de sus finanzas públicas.

Sesión de trabajo en la COP15

En fin, las conclusiones

Las negociaciones de cambio climático adoptan, año tras año, un mayor grado de complejidad. De ahí a que haya optado por los títulos de los diferentes subapartados del presente artículo. Estos hacen referencia a dichos televisivos (el primero, medio inventado por mí, la parte de Don Benito-) y de unas frases que hicieron célebre a un hombre de campo, Pelegrí, que se complicaba la vida haciendo más y más preguntas a un presentador de un programa, cuando éste sólo pretendía presentarle.

Si se me permite la comparación y la ironía -el tema es bien serio pero mejor no hacer un dramatismo destructivo- nosotros, los ciudadanos, somos como el presentador de ese programa que, mediante una simple pregunta, ( ¿Por qué no se reducen las emisiones de carbono?) recibimos como respuesta preguntas y más preguntas ( ¿Quién tiene la responsabilidad histórica? ¿Quién es el que a día de hoy emite más? ¿Quién emite más por habitante?, ¿Quién emite más en relación a su PIB?, etc.).

Las negociaciones del clima son algo muy serio y más nos vale que, más pronto que tarde, nuestros líderes mundiales lleguen a algún acuerdo concreto y alcanzable para reducir los efectos del calentamiento global. Dejar de emitir hoy ya es demasiado tarde, las emisiones tardarán 30 años en llegar a la atmósfera y se quedarán allí por lo menos 100 años.

Fotografías: